museonavalaca.org.mx

  • Aumentar el tamaño de la letra
  • Tamaño de letra predeterminado
  • Reducir el tamaño de la letra
Home Construcción naval Máquinas hidráulicas para construcción naval en España, México y Filipinas: Siglos XVII - XVIII

Máquinas hidráulicas para construcción naval en España, México y Filipinas: Siglos XVII - XVIII

Correo electrónico Imprimir PDF

 

            Durante el lapso que duró la ruta Acapulco-Manila, la arquitectura naval respondió a los problemas planteados por las necesidades del comercio y la transportación marítima. Así, el incremento de los volúmenes de mercancías, tanto en el Pacífico como en la carrera de Indias en el Atlántico, provocó que las naos y carabelones  de 100 y 200 toneladas de desplazamiento utilizadas en el siglo XVI,   sustituidas por los lentos y pesados galeones de hasta 1000 toneladas del siglo siguiente. A partir de la progresiva liberalización del comercio en el siglo XVIII, la dura competencia comercial exigió navíos más veloces y baratos tanto en su construcción como en su operación. Surgieron así los veloces navíos y fragatas de hasta 500 toneladas de desplazamiento que surcaron los mares de un Imperio en cuyos confines todavía “nunca se ponía el sol”.  

Fue así que transformar grandes volúmenes de madera, hierro, bronce, cáñamo y lino en cascos, anclas, cañones,velas y cuerdas planteó grandes retos a los carpinteros de ribera medievales y renacentistas, e ingenieros navales de épocas posteriores

  •         ¿Cómo levantar grandes pesos?
  •         ¿Con qué horadar longitudinalmente troncos para hacer tuberías?
  •         ¿Es posible aserrar enormes cantidades de madera con                 
  •           máquinas que hagan el trabajo de mil esclavos?
  •         ¿Cómo hilar y torcer miles de metros de cuerdas, cabos y cables?
  •    
  •         ¿Será posible fabricar grandes cantidades de pólvora sin volar por los aires?
  •         ¿Qué debemos hacer para que las telas de las velas resistan la fuerza del viento?

                             Para resolver estos problemas, desde la antigüedad, los constructores navales usaron artefactos como el plano inclinado, la palanca y la polea que, respondiendo a fórmulas simples y utilizando la energía animal o humana, multiplicaron la capacidad del hombre para transformar la materia.

         A partir del siglo XVII y durante el siglo siguiente, las fuerzas del viento y del agua, aportaron la energía que movió ruedas, engranajes, levas, tornos, cigüeñales y bielas de las máquinas utilizadas para la construcción naval.

          Como en otros lugares, también en México las máquinas hidráulicas fueron sustituyendo la tracción a sangre utilizada para construir navíos. Primero en Veracruz y Campeche y, a los pocos años, en Tehuantepec, Zacatula, Acapulco y Navidad, así como en San Blas en la segunda mitad del siglo XVIII, fueron apareciendo estos “ingenios” que multiplicaron el trabajo humano. Sierras movidas por ruedas de agua para cortar la tablazón de“grandes canoas para la inundación de México”, se armaron en Río Frío; máquinas para fabricar caños para acueductos y para las bombas de achique de los navíos, se montaron en la ciudad de México y en Campeche; y largas bodegas que albergaban sistemas para torcer (fabricar) cuerdas, cabos y cables que moverían y fijarían el complejo sistema de mástiles, vergas, botavaras y velas de los navíos, se montaron en San Blas, Nayarit.

         Junto con las anteriores, la construcción de molinos trituradores de las materias primas para la fabricación de pólvora en la ciudad de México durante el mandato del virrey Marqués de Cruillas en 1766, y de máquinas para abatanar paños en las fábricas de tejidos de Texcoco, transformaron el paisaje industrial novohispano.

         El impacto de estas máquinas sobre la población fue tal que los paseantes vespertinos de la ciudad de La Habana, por ejemplo, acudían asombrados al astillero cercano a admirar el movimiento del mecanismo de su sierra hidráulica. Paseantes solitarios, en parejas y en grupos conversaban con entusiasmo sobre las prodigiosas cantidades de madera aserrada, el breve tiempo para lograrlo y, en fin, sobre la naturaleza misma de este enorme símbolo de su tiempo.

         Estas y otras máquinas utilizadas para la construcción naval en España, México y Filipinas, constituyen un importante capítulo trascendente no sólo en el paradigma de la historia de la construcción naval, sino más aún, en el escenario más amplio y complejo de la historia de la tecnología mexicana y del mundo colonial español. Los recursos empleados para su funcionamiento: materiales, principios mecánicos, emplazamientos, así como los productos obtenidos de su trabajo, forman parte hoy del acervo científico de nuestro país y constituyen un importante contenido de su identidad cultural.

LAST_UPDATED2  

Show de Imagenes

  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes
  • Imagenes

Seccion con Derechos de Autor Protegido